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lunes, 3 de enero de 2011

Vuela, vuela alto mientras puedas que la vida es una rueda que nunca frena (8) .. (;

-¿Sabes cuando debes parar?
-¿Cuándo?
-Ven, acércate. Mírame a los ojos.
-Te miro.
-Pero con más intensidad, directo a las pupilas. ¿Lo notas?
-¿Notar el qué?
-Exacto.
-No te sigo.
-¿Has sentido la electricidad? ¿Has sentido ese nudo en el estómago que te impide respirar? ¿No sientes la necesidad de apartar la vista de mis ojos porque...porque te abrasan?
-Emm...no. Pero...
-Pero sabes de lo que hablo, ¿verdad? Lo has vivido.
-Desde luego.
-Pues en ese momento, justo en ese momento...es cuando debes parar. Echar a correr.
-¿Pero por qué?
-Porque cuando te encuentras con esas miradas, amigo mío, estás perdido. Perdido y bien jodido. Te cautivan, te atrapan y te amordazan, sin que te des cuenta. Y no es sano. Depender de algo así no es sano.
-Tío te estás yendo por las ramas.
-Cúbrete las espaldas, hazme caso. Ninguna mirada debe ser lo suficientemente fuerte como para anular tus sentidos.
-Suponiendo que esa sensación sea tan suicida como tú dices, ¿que pasaría si esas miradas se necesitasen recíprocramente? Que la balanza no estuviera desequilibrada, y que incluso dentro de la perdición podamos encontrar un halo de cordura. ¿Qué pasa si la sensación es compartida y nunca acaba, eh?
-Créeme tío, siempre acaba.
 foto de eeei_women en 9/02/10

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